Vignolo

May 26, 2017

"Los vientres de las más", se tituló la instalación de Cecilia Vignolo en el Cabildo de Montevideo, año 1996 de la cual hay dos piezas en exhibición. Completan el conjunto de obras de la artista tres obras en gres que mezcla con distintos metales y minerales, realizadas en la década del 90'. 

 Cecilia Vignolo, de la instalación "Los vientres de las más", 1996

 

 

Texto publicado en el catálogo de la exposición:

 

De los vientres de la más

La crítica de la violencia, representada por el pensamiento mismo, sólo puede ser un pensamiento: fantasía exacta. Es con una fantasía exacta de ese tipo que Cecilia Vignolo coloca sus signos-imágenes mentales en una instalación conceptual, dedicados a la violación del cuerpo femenino, pero también a su retorno subversivo.

El cuerpo, el otro de la razón, comparte dentro del proceso de la civilización del destino de la naturaleza. Se le admite, mientras sea razonable, una máquina racionalmente transparente, manejable. El descubrimiento del cuerpo, cuando la medicina científica hace su entrada, es al mismo tiempo la represión radical del mismo: el concepto de distanciamiento y represión da resultado justamente gracias a los mayores conocimientos sobre sus funciones, es un saber que produce poder, que somete y aliena.

Medir, pensar, prensar – Cecilia Vignolo reúne en la primer sala algunos aparatos que tienen como tema la fragmentación, la penetración y la apropiación del cuerpo. El piso de la sala está tapizado con material informativo, como si actuáramos a partir de un conocimiento asegurado. De forma enigmática y lacónica se encuentran los testimonios en el camino hacia el enmudecimiento del cuerpo: la prensa sostiene y hace peligrar un huevo, la imagen es como un flash en el momento de la concentración antes de la destrucción, un contener la respiración, una espera. Tres tipos diferentes de balanzas, antiguos hallazgos con el aura del uso, se conducen ellos mismos hacia el absurdo.

Mientras que una de ella pesa los ovarios extraídos, sin sentido ya, la segunda está ahí como algo olvidado, recubierta de telarañas, y la tercera gran balanza de pié, vacía y convertida en un objeto inútil, se vuelve totalmente fetiche.

95 frasquitos de remedios cuelgan misteriosamente iluminados en el espacio y de esta forma dan lugar a la asociación del intento de curación desde afuera, en su doble acepción: cada intervención con medicamentos no es ayuda, sino que participa en el autodesprendimiento, en reprimir el dolor y la enfermedad como parte del lenguaje del cuerpo. Esta disposición enfoca directamente al verdadero tema de la instalación: la esterilización como medio de la política demográfica. Dos pilas de cajas de cartón se encuentran colocadas en forma diagonal, una de ellas ya ha sido, digamos “tratada”: atada y sellada con la categorización definitiva de “esterilizado”, mientras que la pila más pequeña aún parece esperar su destino.

Este triste depósito de cajas –el cuerpo como simple envoltura hueca, como ataúd-, echa, por decirlo así, una luz mucho más clara sobre los objetos anteriores como consecuencia dudosa y posibilidad más extensa de la instrumentalización del cuerpo.

 

Para entrar en la segunda sala es necesario pisar una parte de un cuerpo, un órgano-amohadilla enorme yace en la entrada, blando, extraño, absurdo en su dimensión, un obstáculo. En el ambiente blanco, inocente, diez barrigas de gres están dispuestas en fila, vientres hinchados en una posición intermedia muy peculiar. Queda en suspenso si se trata de vientres de niños, hinchados por el edema del hambre ó si son barrigas de niñas jóvenes, prematuramente embarazadas.

En contraste con estos pequeños vientres desamparados, en la pared frontal aparece una altanera gran barriga blanca, una forma primitiva, segura de sí misma. Cecilia Vignolo declina aquí posibilidades de corporalidad, las pone sobre el tapete frente a cualquier abstracción, y lo hace de forma rigurosa y sin dejo de sentimentalidad. En la constelación se esconde algo que sabemos, repentinamente, una vez más, y esto que ya sabemos queda fijado en el texto agregado: “Un nacimiento en Europa produce más presión sobre los recursos mundiales que diez en Africa”; y sin embargo, sucede más que la duplicación de lo ya conocido. No se trata solamente de la cuestión teórica: por cuánto tiempo más aquellos que viven en medio del lujo podrán prescribir a los que viven en la pobreza que deben moderarse en la explotación de los recursos naturales, y eso lo dicen a pesar de saber que no es así. El frío conocimiento se vuelve concreción corporal, se propaga fisonómicamente hasta llegar al corazón.

En la tercera sala hay un atril de notas con una hoja en blanco, como una señal para la posible reactivación de los sentidos, de la creatividad humana. Como estaciones de un vía crucis, barrigas preñadas estructuran la gran sala: la imagen de la fertilidad, de la vida y de la entrega a la vida –de la cual sabemos, sin embargo, que corre peligro de todas formas.

Las barrigas son como marcas del recuerdo, fragmentos de una búsqueda de la autodeterminación y de la facilidad. Al llegar al final de la ronda, indicada por el camino así dispuesto, nos encontramos con un lavabo delante de la pared con espejo, que lleva nuevamente, lleno de tierra. Una imagen clara, y un jeroglífico: el lavado de manos existe en todas la religiones y culturas como preparación al rezo, como expresión del desprendimiento de lo cotidiano, de limpieza en el sentido más amplio. Es espejo rehúsa la reflexión y nos trae devuelta a la tierra. ¿De dónde venimos, hacia dónde vamos?

Cecilia Vignolo resuelve en su instalación lo difícil: un tema eminentemente político se vuelve, sin propaganda, un tema concreto, sensual, corporal. La estrategia del poder, que también se realiza en la esterilización del cuerpo del otro, de los pobres, de os aborígenes, de la gente de color, queda desenmascarada. Y sin embargo, al ser dada a conocer, es trascendida. A las consecuencias devastadoras de la dominación de la naturaleza externa e interna, Cecilia Vignolo contrapone el lenguaje del cuerpo mismo y su capacidad de hace una crítica práctica de las circunstancias.

 

Dorothe Willert
Traducción del alemán: Ilana Marx

Fuente: sitio web de la artista

 

Imágenes de la instalación "Los vientres de las más" en el Cabildo de Montevideo (1996)

 

 

 

Imágenes de la obra de Vignolo en la exposición del MuHAr (2017):

"Vientres" (1996)'

 

Piezas en gres: "Torso- Autorretrato" (ca.1995), "Vasija" (ca.1994), Sin título (1997)

 

 

 

 

 

 Esta entrada se actualizará con imágenes de la exposición en le Cabildo en las próximas horas

 

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